Cualquier agonía se pierde con tu sonrisa.

No todos los días son buenos, no siempre es felicidad pura. Pasan un sin fin de cosas que te pueden poner los nervios de punta, que te pueden hacer tronar como palomita de maíz, o que te pueden apachurrar como pasta de dientes vieja. 

Pues claro, el día comienza con el primer quejido o llantito de mi bebe, más o menos entre 5 y 6 de la mañana, por qué su pancita ya está rugiendo, y termina a las 11 de la noche, luego de que terminaste todos tus pendientes y una que otra noche te quedaste viendo tv, por qué ese momentito entre que se duerme ella y tú, es de los pocos que tienes libres para ti, y con suerte aguantas una hora. 

Y vaya que soy de las afortunadas que duermen de corrido y más o menos tengo 6 o 7 horas para descansar cada 24 horas. Repito, y eso que soy de las afortunadas. Pero vamos, estoy rayando en el límite de lo saludable de horas de descanso y durante el día, es una lista interminable de “pendientes”.

Entre el trabajo, la comida, lleva a la niña a la guardería, dale pecho, sacate leche para el banquito, lava ropa, dóblala, limpia un poco la casa o al menos para que no te dé ansiedad, etc. etc. etc. Y repito, soy de esas afortunadas que el papá de la creatura, bendito Dios, me ayuda. Aun así, aun con toda la ayuda y bendiciones de que: mi nena es tranquila, me ayuda mi mylove, por qué duerme de corrido, etc. Con todo eso, a veces termino: agobiada, cansada, debilucha y otras tantas ansiosa. 

Y el otro día me caché que me sentía culpable por sentirme así, y ¿cómo no iba a sentirme culpable? Si también veo que tengo una bebita sana, preciosa a mis ojos, que crece cada día desarrollándose feliz (o al menos eso siento). Entonces, ¿por qué carajos estoy sintiendo que estoy agonizando? 

Seguro otras mamis con experiencia pensarán: Aaww es mami primeriza, no sabe que es normal… Pues a lo mejor es muy normal, pero se siente literal de la chingada. 

No quiero sonar presuntuosa, la verdad es que yo me considero una mujer luchona, valiente (a veces), firme, fuerte, inteligente también. Entonces me dije a mí misma: “Esto no nos va a vencer. Agárrate de algo, lo que quieras, lo que sea que aunque tus hormonas estén al mil por ciento, aunque tu bebe a veces parezca una chiqui-Drácula que te está absorbiendo la vida, aunque el estrés del trabajo, los quehaceres del hogar, etc., agárrate de algo que te lleve a un estado de paz y felicidad.”

Fue ahí que volteé y vi a mi princesa, y con el más mínimo esfuerzo le hice un cariñito, a lo que ella sonrió de tal manera, que toda la agonía desapareció instantáneamente. Ni siquiera tuve que esforzarme en hacerla sonreír, ella me ve, realmente me ve, me ama así tal cual y me sonríe… Entonces sentí: ¡lo he encontrado! Y digo «sentí» por qué eso no se piensa, se siente.

Es verdad que los hijos te cambian la vida, la perspectiva de todo. Si no soy la misma que hace 10 minutos, mucho menos soy la misma que antes de ser mamá. 



Comentarios

  1. Así es el amor de una mamá...cuando yo tuve a mi hijo lo tuve en un hospital de sector salud y hally te dejan hasta el último k sientas todos los dolores ...yo sentía k. Se me iba la vida en ese momento pero ..,por arte de magia cuando.el nación en automático de olvidó todo dolor en ese momento el era lo mejor que yo había echo en mi vida ....y si el.or a nuestros hijos te da fuerza para estar al 100
    24/7 Dios bendiga tu familia .,te quiero mucho

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola! Si cada mamá tiene experiencias distintas, pero coincido en que, cuando es deseado, todo se reduce al amor que sientes por ellos. ¡Gracias por comentar! ¡Un abrazo!

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Si no tienes alas, búscate unas!!

Sobreviviendo a la maternidad.