Aprendiendo
Pues sí, mi vida ha sido un caos desde que el mío
amor se fue a Playa del Carmen. No he hecho ningún post desde entonces, perdóname
amigo lector, pero ni yo sabía que me iba a enfrentar a todos estos cambios, te
voy a platicar un poquito más de todo lo que ha pasado...
El mío novio se fue, pero me dejo un recordatorio bien
vivito y coleando de él, me dejó a su pitbull que ahora quiero como mi
perrhijo. No había sido consciente de todo lo que implicaba cuidar a
Socratitos, por qué pasearlo, asearlo, cuidarlo, alimentarlo, era
responsabilidad del mío amor y ahora mía. ¡Entonces ya te imaginaras! Estoy que
no me encuentro ni los pies ni la cabeza, por qué de la rutina que habíamos
creado en pareja de pronto otra vez yo solita cocinando, lavando, trabajando y
ahora ¡¡¡con un perro!!!
Siempre he sido muy mala con los cambios en lo inmediato, es decir, me cuesta un poco asimilar los cambios, aunque renegando a veces, aprendo rápido eso sí, y eso a veces me trae un exceso de confianza que hace poquito a la mala aprendí a que debo escuchar un poquito más a la voz de la experiencia. Y el mío amor se la pasaba diciéndome que por nada del mundo soltara a Socratitos sin su correa, por qué se aloca el canijo, pero yo, en mi deseo de hacerle ver que estaba llevando bien eso de vivir con Sócrates.
Un día descubrí que había un terreno cercado al que algunos chavos se metían de contrabando y traición a jugar fucho, me di cuenta que se escabullían por un orificio en la cerca lo suficientemente grande para escabullirnos Sócrates y yo, así que ¿porque no? pensé que sería buena idea llevar ahí a Sócrates y soltarlo para que no resintiera tanto el cambio, por qué si a mí me estaba costando el cambio, a él le costaba el doble, cada que volvíamos de algún paseo llegaba buscando a nuestro amore.
Comenzamos a escabullirnos en el terreno cercado una o dos veces por semana y yo soltaba a Sócrates para que corriera cual gacela enloquecida, y lo hacía bastante bien, a veces hasta jugábamos un poco. Yo para que no se saliera sin mi permiso ponía su correa en el hueco, para que no se escapara hasta que un día, ya para irnos, le dije ¡amonooos! y corrió hacia mí, quite la correa de la cerca y que se me sale el canijo y pega carrera.
Salí corriendo también detrás
de él, el doblo la vuelta en la esquina y desde luego que era más veloz que yo,
juro que tarde solo un minuto en llegar a la esquina y para mi triste sorpresa
cuando doblo en la esquina veo a lo lejos esta escena: Sócrates con media
trompa dentro de una rendija del portón de una cochera, un tipo que se baja de
una moto y lo comienza a patear como loco en su lomo, panza y otro que sale de
la cochera supongo que a seguir golpeando a mi perrhijo, yo cual novela llego
gritando ¡¡déjenlo, déjenlo!!
Llegue y me avente al piso para tomar a Sócrates por el
cuello, como me había dicho el mío amor que debía hacer si es que pasaba algo
así, y le grite al tipo que dejara de golpearlo, que eso no iba a funcionar
para que soltara al perro, pero para la mala suerte de Sócrates, era el otro
perro el que lo tenía prendido del cachete, además de que ya le había dado
otros colmillazos cerca de su ojo izquierdo y en el otro lado de su nariz. El
tipo que lo pateaba se asomó por la rendija del portón y le dijo al dueño del
otro perro que era su perro el que tenía agarrado al mío, se metió a su cochera
y regaño a su perro o no sé que le hizo que por fin soltó al mío.
El dueño por cierto me había gritado ¡ahorita saco una pistola y se lo mato! Y de hecho nunca me cayó el 20 de esa amenaza hasta que llegamos de nuevo a casa. Me aguante las lágrimas del coraje-susto hasta que llegamos a mi departamentito, llegamos y primero le revise que no estuvieran rotas sus costillas como resultado de las patadas que le dieron, luego empecé a limpiar sus heridas, y después de eso, me solté a llorar como niña, desde luego que después le llamé a mi amor para contarle el sinsabor este que habíamos pasado. Me regaño.
Después de eso claro que
seguimos saliendo a pasear a Sócrates, hay dos razones muy importantes de esos
paseos, la primera es que haga sus necesidades fuera del departamentito, la
segunda es que no se vuelva loquito un perro tan grandote en un depa tan
chiquito. Entonces en uno de los otros paseos siguientes a ese evento, pasamos
cerca a otra cochera con otro perro grande y el perrhijo se les sigue poniendo
al brinco y aprendí algo...
Nosotros los seres humanos, o al menos casi todos, a
diferencia de los animales que se mueven por instintos, podemos aprender de una
situación y tomar medidas que prevengan o que solucionen para que no nos
vuelva a suceder algo así, repito, casi todos los seres humanos. Yo le compré
una correa de castigo a mi perrhijo para que no me jale tanto con otros perros
y ya no lo suelto por nada del mundo en la calle, además de que, si veo un
perro grande como él, mejor lo alejo por qué es especialista en intensear con
los de igual o más grande tamaño que él. A los chihuahuas escandalosos ni les
hace caso.
En alguna ocasión en un momento medio difícil de mi vida en
el que estaba invadida de sentimientos de frustración, coraje y de más, una
amiga muy querida me dijo "en la vida no se pierde, o se gana o se
aprende", bueno pues con todo esto yo aprendí a hacerle caso al mío amor y
nunca, nunca soltar al perrhijo sin correa, aunque sea en un terreno
cercado.
Ahora que todo cambio, hubo
momentos en los que he llegado a pensar que yo salí perdiendo de toda esta
situación, así que recuerdo las palabras de mi amiga y me repito que estoy
aprendiendo de todos estos cambios, adaptarme, de vivir independiente de nuevo,
al fin que sigue siendo temporal, o al menos eso espero y si no pues seguiremos
aprendiendo.
Así que amigo lector, aquí hay varias moralejas: 1) Aguas
con el exceso de confianza ¡pónganse abusados! 2) Busca el aprendizaje de todo
en la vida, nunca nos pasa nada malo por más terrible que parezca es para
aprender. 3) No seas animal!!! ¡¡¡No actúes por instinto, APRENDE!!!
Chin el último sonó medio
fuerte.
Hasta luego amigo lector ¡¡espero escribirte más pronto que
tarde!!
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