¡Sonríe como el elefante!

Hace ya un par de años viaje a Tailandia con mi novio, fuimos con el pretexto de una competencia de natación. Nadamos 10k en krabi, una de las competencias mas retantes que hice, pero esa es otra historia.

Dentro de los lugares que visitamos, pasamos por Chaing Mai y de ahí partimos a un Santuario de y para Elefantes, algunos rescatados y otros ya nacidos ahí. 

Debo confesar que iba super nerviosa, no era una persona muy fanática del reino animal, es decir, me gustan algunas especies, las respeto, pero tocarlos y sentir su piel, específicamente con el Elefante me sentía con un poco de ansiedad.

Aprendí muchísimo... Y me enamoré!🐘💜 

El otro día recordaba ese viaje al santuario que para mi fue toda una aventura, no solo los acaricié, sino que los bañe o mejor dicho, nos bañamos juntos, nos enlodamos, les di de comer y me cautivaron. Y recordando ese día al estilo de los Karenianos reflexioné algunas cosas.

Veras amigo lector, siempre fui una mujer acomplejada, por qué estaba muy caderona, con pancita, chaparrita, muy flaca o muy gorda, por el tamaño de mi nariz, por qué ahora uso lentes, por el tamaño de mis piernas, de mis brazos, etc.

Todo esos complejos... No es vivir en libertad. Pienso que liberarnos de ese tipo de complejos lleva todo un proceso, es un viaje! Van y vienen, crees que tienes todo manejado y de pronto te sale un lunar nuevo o no sé, ¡algo! ¡Pretextos!

Me enamoré del Elefante no sólo por qué son súper amorosos y simpáticos sino por qué me hicieron conectarme con quien verdaderamente soy. Ellos no se preocupan con por sus orejas largas, su trompa larga, su panza enorme, sus patas gigantes, sus ojos chiquititos, su piel arrugadita y rasposa, sus pelos que parecen púas, sus lunares y pecas. No se preocupan por ser uno de los animales mas grandes y a la vez con una de las espaldas más débiles, si tu conoces un elefante por favor ¡nunca lo montes! ¡No nacieron para eso!

Ellos en su carita parece que tienen una sonrisa todo el tiempo y podrías pensar que es parte de su fisionomía, pero cuando estás con ellos y miras como son juguetones, traviesos y cariñosos puedes darte cuenta de que esa sonrisa es real. 

Conocimos una familia entera, de pequeñitos son muy amorosos y chiqueones, de jovenes traviesos y bruscos, de adultos sabios y proyectores. Cuidado con la mamá elefante cuidando a su bebe puede ser excesivamente protectora.

Ese día no sólo conecté conmigo misma y ame cada parte de mis imperfecciones, también conectamos con todos los humanos que estabamos ahí de todo el mundo, solo éramos 2 mexicanos en un grupo de 20 o 25 personas. 

Fue majestuosamente enriquecedor y todos coincidimos en el enamoramiento que sentiamos por tan hermosa creación.

Ojalá todos sonrieramos cómo el Elefante, despreocupados por cómo somos físicamente y mas conectados con nuestra familia y amigos.

En ese santuario se respiraba libertad.

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