Queriendo tirar la toalla.

 Pues sí, hay días que quieres tirar la toalla.

A ver, este blog se llama “viviendo en libertad”, pero hay muchas personas que desde que me embarace, se encargaron de repetirme una y otra vez que iba a perder mi preciada libertad. Nació mi bebita y no mejoró la situación, sino todo lo contrario. A veces hasta invaden un poco tu vida personal y tratan de educarte en como educar a tu pareja, a tu bebe, a ¡tu familia! Me han dicho cosas como:

“Tu vida va a cambiar. Prepárate para dejar de comer y dormir a tus horas. Se te acabo tu privacidad. Conforme va creciendo, más va demandando. Y vendrán tiempos peores. Dejarás de tener tiempo para ti. No vas a dejar de lavar nunca.” 

Y podría seguir con más ejemplos, incluso hay mil reels, tiktoks, etc. burlándose de situaciones de este tipo, pero como ya les había contado antes, ya se me olvidó lo que hice hace 10 minutos, con mayor razón se me olvidaran algunas de estas frases. Pero si se queda sembrada esa espinita de «voy a perder mi libertad», tanto al grado que, cuando te pasa alguna de esas situaciones, inmediatamente te vas a esa zona de víctima y ya, te volviste parte de esta especie de ironía colectiva que rodean al embarazo, a la maternidad y paternidad.

No voy a negar que hay cosas muy raras y muy graciosas, dignas de hacer chiste y compartir. Tampoco quiero decir que esté molesta con las personas que me han dicho hasta de lo que me va a matar mi bebe en esta y otras tres vidas. No, no, para nada. 

Siendo un poquito justos, si hay momentos bien difíciles -sí, si dije “bien difíciles” por qué soy de Guadalajara y así acostumbramos decir ahí, aunque sabemos que así no se dice-. Sí, hay momentos en los que quieres tirar la toalla, regresarte el baby por donde salió o regresar el tiempo y replantearte la decisión (en mi caso fue por decisión) de la maternidad.

Hoy, por ejemplo, mi nena está resfriada. Que pinche frustrante ha de ser, tener un padecimiento o incomodidad, querer expresarlos y no darme a entender. Yo también lloraría como desquiciada. Bueno, pues eso está pasando hoy. Y encima de todo, soy superhumana, y digo súper no por tener superpoderes, sino por qué me equivoco un chingo, y hoy tuvimos un accidente en el que mi bebita tuvo un golpecito (gracias a Dios leve), y ¡no te pases!, ¡me quería morir y llegar directito al infierno y sin escalas por mala madre! 

Claro que a todo esto no se le puede catalogar como algo sencillo de digerir, luego de ahí que empiezan las gastritis, colitis, ulceritis y todo lo que termina en “itis nerviosa”. Entonces, volviendo a la justicia previamente mencionada, pues sí, tienen un poco de razón con algunas advertencias. Hoy sí, de plano ya me eché mi lloradita y todo. 

¡Pero no manchen gente, tampoco es tan catastrófico! A ver, hay un dicho que dice «cada quien feria como le va en la cuenta» ¿no? Palabras más, palabras menos.

No les voy a hablar de todas las razones por las que puedo decir que mi bebe es la nobleza hecha persona, por qué me van a tildar de presuntuosa. Pero vamos tratando de sacarle lo positivo a todo esto. 

¿Por qué mejor no hablamos de las bondades y de lo bonito que es cada etapa tanto del embarazo como de la maternidad y paternidad? Son etapas que se pasan literal en un abrir y cerrar de ojos. En lugar de prevenir a los papás y mamás de todo lo malo que puede pasar, por qué mejor no hablar de cosas como:

Te va a mirar como nunca nadie te ha mirado antes. Cuando comience a reconocer tu rostro puede llegar ofrecerte las caricias más tiernas y amorosas del mundo. Hará los sonidos y muecas más graciosos que hayas visto antes. Si da un poco de miedo su fragilidad, pero aprenderás a sostener con firmeza y amor. Tú serás todo su mundo. Vas a celebrar cada parte de su crecimiento y desarrollo como si fuera un gran logro, te sentirás súper orgullosa u orgulloso. Te vas a enamorar como nunca te habías enamorado.

¿No creen que es mejor hablar desde la experiencia de que es bellísimo?  

Si estás pensando que estoy queriendo romantizar todo esto de la maternidad y paternidad, pues sí, ¡¿y qué tiene?! Esto no quiere decir que invite a la ignorancia, más bien hago un llamado a la belleza del momento. Ni los buenos momentos ni los malos son eternos, así que vale la pena aferrarse a lo bueno más que nada.

Pues sí, si hay días que quieres tirar la toalla, que sientes que perdiste tu libertad, por qué ya te incrustaron ahí el chip muy dentro de ti, pero va a pasar y eso no significa que hayas perdido tu libertad.





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