Viajando con mi bebe recién nacida Parte 1.

Tengo ya casi dos años residiendo en Playa del Carmen buscando mejores oportunidades de salir adelante en familia. Hasta hace poco pensaba que había sido una pérdida de tiempo y dinero, hasta que un amigo me dijo - Te fuiste a Playa del Carmen a embarazarte.

¡Asu! Dirían las misses de mi bebita, pues si es completamente cierto, ya tenía yo bastantito tiempo pidiéndole a mi novio cuál Paquita la del Barrio, “piérdeme el respeto”. Y qué chistosa es la vida, que luego de 6 años de relación y habernos mudado al otro lado del país, así y solo así, nos aventamos con el paquetazo. 

Todo muy padre, muy bonitas las fotos del embarazo y de mi chiquilla acá en el paraíso, solo que no consideramos un pequeño gran detalle. Si queremos que nuestra beba conviva con nuestra familia, pues hay que viajar. 

Así que nuestra nena, a su corta edad, ya lleva dos viajes, pero para efectos cronológicos de este blog, en esta entrada me centraré en nuestra primera experiencia, cuando ella tenía tan solo 3 semanitas de nacida, y yo un manojo de sentimientos, hormonas, dolencias y etc.

Yo recién parida y con la depresión postparto a todo lo que daba, me empeñe en pasar la mayor parte de tiempo de mi licencia de maternidad con mi mami. Y es que, les quiero decir esto amigos: si da, la depresión postparto, si da!!!! Pero bueno, dejaré ese tema para otra entrada, quizá.

Pues ya les decía yo, que a tan solo 3 semanas (o menos) de que nació mi bebita, nos fuimos a mi Guadalajara, Guadalajara, hueles a pura tierra mojada. Fueron vuelos directos, y qué bueno, por qué viajamos solitas mi bebe y yo. Toda una aventura.

De entrada, tienen que saber que yo soy de esas personas que cuando yo viajo, me gustaría tener todo listo un par de días antes. Pero que entre el deber ser y los hechos, pues pasa todo al revés, y el mismo día del vuelo de ida, aún tenía este debate mental de si documentar o no, de si llevar o no: cobijas, biberones, ropa, pañales, medicinas, extractor, etc.

Por practicidad, decidí no documentar y viajar con una maleta carry on y meter lo que no cupiera en la pañalera. Y ese, amigos, fue mi primer error. Imaginen una maletita con mi ropa, la ropa de la niña y todo lo que quería llevar por sí las dudas. Desde luego no era funcional, mucho menos con todos los regalitos que mi nena recibió de la familia. Claro que de regreso ya me quería volver chango con todo lo que tenía que traer de regreso. Prometo hacer un videito pronto de que no es recomendable cargar y que no debe faltar en un viaje.

El tema de la maleta fue el menor de mis problemas, bueno, sí y no, por qué se vuelve a hacer presente el tema de la maleta, pero ya en el aeropuerto, cuando caes en cuenta de que al dejarte ahí, tenía que caminar yo sola con: carriola, equipaje y bebe. 

Recuerdo ahora con una risita burlona de mí misma que me cuestionaba con cosas como ¿Y si me dan ganas de ir al baño, como haré con todo eso? Pues no quería tomar ni una gota de agua horas antes del vuelo, pero han de saber que si estás lactando, en cuantito tu bebe se prende de tu pecho, te da una sed endemoniada, literal te deshidratas si no estás tomando agua constantemente, pero eso obvio también hace que te den ganas de ir al baño constantemente. Confieso que tuve que usar el baño para personas con capacidades diferentes, y es que si amigos, si estaba en aprietos con todo el chow. ¡Tuve que entrar con todo y carriola al baño!

Pero me estoy brincando una parte muy importante, el paso por el filtro. Una vez más, imagíname con la niña en la carriola, siendo dirigida con una mano, en la otra mano la maleta carry on, y en la espalda la pañalera que quedó pesadísima, y en una bolsita semi oculta de la pañalera, los documentos de la niña y mi identificación. Claro que me convertí en la típica doñita que odias por qué entorpece el tráfico por el filtro cuando el personal de seguridad me pidió los documentos. 

Que me perdonen las personas que iban atrás de mí, espero que nadie haya perdido el vuelo, pero siendo honestos, tampoco la monita que reviso mi pase de abordar y documentos cooperó mucho. Cuando le hice saber que los documentos estaban en una bolsita pegada a la espalda y le pedí ayuda para sacarlos, se negó y pues ¿qué hacía? Aunque la respuesta pareciera obvia, para mí representaba toda una interrupción, tuve que poner mi celular bajo la axila, sacarme la pañalera de la espalda, sacar los documentos, volverme a poner la mochila y mostrarle todo. Y luego de una revisión exhaustiva de que concordaran nombre y apellidos de la menor con los míos, por fin logramos pasar.

En el aeropuerto de Cancún, tache, no hay una fila especial que considere las manitas ocupadas de una madre primeriza, y la verdad es que tristemente ni una sola persona se ofrecía a ayudar, sobre todo cuando se trataba de subir el carry on y la pañalera a la bandeja del escáner, o cuando tenías que desarmar y volver a armar la carriola luego de pasar por el escáner con bebe en brazos. 

Nos revisaron tan minuciosamente que me sentí en un capítulo de “Alerta aeropuerto”. Dejé de creer en la humanidad por unos momentos. El poquito tiempo que tenía sobrado, lo perdimos en todo ese movimiento del filtro.

Todo cambió cuando, justo a tiempo, llegamos a la sala de abordar. Me formé inmediatamente en la fila que me correspondía, y por alguna razón estaba tardando el abordaje y recuerdo que una chica amablemente me ofreció que me cuidaba mi lugar si quería sentarme unos momentos.  Yo, toda apenada, nerviosa, le dije que como era un vuelo de 3 horas que estaría sentada, que prefería permanecer parada, ese fue mi segundo error, duré ahí parada como 40 minutos, algún retraso había con el vuelo.

Una cosa padre y no tan padre de volar con bebe, es que las carriolas viajan gratis. Está padre por qué no pagas por ellas y por qué te las reciben literal en la puerta del avión, pero no está tan padre que antes de poner un pie dentro del avión, tú y nadie más que tú, tienes que desarmar la carriola, y pues la mía es de 2 piezas, todo el movimiento con bebe en brazos, entonces de pronto, todos estos botones de seguridad que tienen las carriolas, se convierten en tu peor enemigo en esos momentos.

Había practicado ese movimiento un día antes en casa. Me puse el fular, me colgué a la chiquilla y con movimientos un poco toscos, cuidando la cabecita de mi bebe, desarme como pude la carriola. ¿Qué onda con la relación carriola-ayuda? Neta nadie, absolutamente nadie mete un dedo por ti, aunque te vean haciendo circo, maroma y teatro con todo y bebe. Pero se logró gente, ¡se logró!

Por fin pusimos un pie dentro del avión y ahí sí personas cercanas a mi fila me ayudaron a subir la maleta en donde se guardan y a bajarla cuando llegamos. La pañalera tenía que ir sí o si abajo del asiento delante de mí y pues mi chiquilla en brazos. Y ahora les cuento mi tercer error.

Mis dos pediatras me dijeron que debía darle de comer a bebe durante el despegue y aterrizaje para que no se le taparan sus oídos, cosa que salió de maravilla. Mi bebita sin llanto en todo el camino. Solamente que, aún no sé si es muy común o si es un caso aislado, pero mi nena, casi que hacía popó comiendo, así que en cuantito despegamos se hizo popis... Y yo no creía, pensaba, sabía, que podía caber un cambiador en un baño de avión, así que ya sabrán en qué acabó el error #3 del vuelo de ida. Mi bebita llegó rosada. :(

En cuanto bajamos del avión y otra vez me enfrenté a armar la carriola yo solita con la chiquilla en el fular, antes que salir del aeropuerto corrí al baño más cercano a buscar un cambiador y cambiar pañal. Mi bebe es muy noble amigos, no lloró nada nadita, y aunque la rozadura no era tan grave, yo me sentía la peor madre del mundo por tenerla con el pañal sucio todo el vuelo.

Luego de cambiarla y sabiendo que ya no necesitaría documentos, desarmar la carriola o algo por el estilo. Puse a mi chiquilla en la carriola, la pañalera en la canastilla del vehículo infantil, y otra vez con una mano en carriola y la otra en carry on, por fin, salí del aeropuerto a donde ya me esperaba mi familia.

Estando en casa todo mejoró increíblemente, aunque no voy a negar que por la noche ya solitas las dos, si me eche mi lloradita, ahora extrañaba a su papá. Pero aquí entre nos, la lloradita fue mas por toda la presión que sentía de las miradas, algunas juzgonas, de la gente en el aeropuerto. 

A ver, entiendo, que cuando viajas, hay personas que se les puede hacer tarde por x o y razón, y que pueden tener prisa, o que simplemente no les gusta pasar mucho tiempo en filas, filtros y de más... eso era algo totalmente fuera de mi responsabilidad, pero aún así sentía culpa por entorpecer filas o incluso llegue a sentir culpa por viajar sola, aunque no tendría por qué, pero sí, se siente feo. Así que gente, lleguen con tiempo al aeropuerto, sean buenos.

Luego de unas semanas reparadoras en casa, tuve que viajar de vuelta a mi otra casa. El regreso no estuvo tan cruel. Palomita aprobatoria al aeropuerto de Gdl que, ahí si tienen una fila especial para personas de capacidades diferentes y mamitas con carriolas. Recuperé mi fe en la humanidad, tanto el personal del aeropuerto como la gente en general, se mostraban mas amables, dispuestos a apoyar, etc.

Mi único ishue al regresar fue un aeromoso. Al regreso decidí pagar el asiento de hasta adelante en el avión, para no tardar tanto en el despegue, por qué tiene mas espacio, para entorpecer menos en general. Pero no considere algo, al no tener otro asiento frente a ti, no podía poner la pañalera debajo del asiento, así que tenía que ir arriba, con el resto del carry on. 

Minutos antes, yo había aprovechado que estaban documentando gratis las maletas carry on y no lo pensé dos veces, así viajaría mas ligera en la parte de arriba, pero la pañalera si la necesitaría por qué ya había aprendido que en el baño del avión si hay cambiador para bebes, todo mini, mini ¡pero hay!

Pues resulta que al haber pagado ese asiento, se supone tendría atención VIP del aeromoso, se suponía. Le pedí ayuda para subir la pañalera y me dijo "ahorita", nunca me ayudo, prefirió un señor de dos filas atrás ayudarme. Le pedí agua, nunca llegó el agua. Necesité un poco de apoyo para ir a cambiar a la niña, otra vez bajar la pañalera y volverla a subir, ignorada. Tache, tache y triple tache a ese aeromoso que no movió un dedo para ayudar, hasta me llegue a preguntar si no estaba dentro de sus alcances. Pero la única atención VIP que recibí fue a la hora de la vendimia de snacks en el camino. 

Dentro de todo este caos de aeropuertos, abordaje, personas no tan amables, personas que sí son muy amables, mi princesa fue la mejor parte del viaje. No lloró casi, cuando lloró no fue muy ruidosa y fue muy poquito, no se le taparon los oídos o al menos no mostró incomodidad en despegue y aterrizaje. Su primer vuelo a las 3 semanas de vida, su segundo vuelo al mes y  medio de vida, y ella, dormidita, comiendito, abrazadita, feliz con mamá.

Llegue a casa, Jonathan nos esperaba ya con ansias, y luego de un fuerte abrazo a ambas, regresamos a nuestro hogar.

Prometo parte 2, del segundo viaje. Así que, hasta pronto amigos.



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